La producción, exportaciones y el impacto económico de la industria del vino en Argentina
Hay industrias que van mucho más allá de sus números. La vitivinicultura argentina es una de ellas. Hablar del vino en Argentina es hablar de historia, de suelo, de identidad y, también, de una cadena productiva que mueve cientos de millones de dólares al año, genera empleo en economías regionales y proyecta la imagen del país al mundo entero. Desde las laderas de los Andes hasta las góndolas de Londres o Nueva York, el vino argentino tiene presencia, relevancia y, pese a los desafíos del contexto, una resiliencia que vale la pena analizar.
Un sector de peso dentro de la economía nacional
La vitivinicultura es una de las diez principales cadenas agroexportadoras de Argentina. Según el último Informe Anual de Superficie del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), con datos al 31 de diciembre de 2025, el país cuenta con 196.220 hectáreas cultivadas distribuidas en 20.939 viñedos, lo que refleja una caída de 3.726 hectáreas y 1.100 viñedos respecto al año anterior. A pesar de esta contracción, el sector sigue posicionado como un actor central en la economía regional, y Argentina ocupa el lugar número 11 entre los exportadores mundiales de vino, el séptimo entre los productores y el noveno entre los consumidores a nivel global.
La vitivinicultura nacional cuenta con más de cinco siglos de historia, integrando los saberes de los pueblos originarios con la tradición de los inmigrantes europeos, y representa la industria del sector más importante de América del Sur. Hoy, el sector emplea a más de 106.000 personas de forma directa y a unas 280.000 de manera indirecta, con alrededor de 900 bodegas activas y 17.000 productores a lo largo del territorio.
La particularidad de esta industria frente a otras del agro es su intensidad laboral. Por cada 100 hectáreas cultivadas en producción, la vitivinicultura genera alrededor de 72 puestos de trabajo, muy por encima de otros complejos agrícolas extensivos. No es un dato menor en un país donde el empleo en economías regionales sigue siendo un desafío estructural.
En lo que respecta a la producción, 2024 fue un año de recuperación notable. La producción de uva creció un 31,9%, alcanzando los 19,19 millones de quintales, gracias a mejores condiciones climáticas. Como consecuencia, la elaboración total de vino y mosto creció un 32,8% hasta los 14,25 millones de hectolitros. Las bodegas elaboradoras activas pasaron de 856 en 2023 a 874 en 2024, con 1.236 bodegas inscriptas en total.
Mendoza, epicentro indiscutido. Pero no el único
Cuando se habla de vino argentino, Mendoza aparece casi de forma automática. Y con razón en 2024 la provincia exportó el 93,1% del volumen total de vino argentino, seguida por San Juan con el 2,5%, La Rioja con el 2,1% y Salta con el 1,5%. Sin embargo, el mapa vitivinícola argentino es bastante más amplio de lo que muchos imaginan.
El territorio vitivinícola argentino se divide en cuatro grandes regiones: la región Norte, que incluye Salta, Catamarca, Tucumán y Jujuy; la región Cuyo, con La Rioja, San Juan y Mendoza como protagonistas; la región Patagonia, que abarca Neuquén, Río Negro, La Pampa y Chubut; y la región Atlántica, en la provincia de Buenos Aires. Cada una tiene sus condiciones de suelo, altitud y clima, lo que genera perfiles de vino muy distintos entre sí.
La altura es uno de los atributos más valorados de la viticultura argentina a nivel internacional. Los viñedos se ubican generalmente entre los 800 y 2.500 metros sobre el nivel del mar, lo que los protege de insectos y enfermedades, reduce la necesidad de pesticidas y permite producciones orgánicas de alta calidad. En Salta, la bodega de Colomé, cerca de Cafayate, es reconocida como la más alta del mundo.
Esta diversidad geográfica es, en parte, lo que le permite a Argentina ofrecer una gama de vinos que difícilmente puede replicar un solo terroir. Y es también la base sobre la que se asienta la mayor fortaleza exportadora del sector: el Malbec.
El Malbec, la cepa que conquistó el mundo
Hay pocas historias tan interesantes en la industria alimentaria argentina como la del Malbec. Una uva de origen francés, que en Europa se usaba apenas para dar color a mezclas, encontró en el suelo argentino las condiciones perfectas para convertirse en algo completamente diferente. Hoy es la cepa emblema del país, y uno de los productos de exportación con mayor reconocimiento de marca a nivel global.
Al cierre de 2024, el Malbec registraba un total de 47.064 hectáreas cultivadas, lo que representa el 23,5% de toda la superficie de vid del país, y su superficie creció un 19,2% en los últimos diez años.
En cuanto a las exportaciones, los números son elocuentes. Durante 2024 se exportaron en total 1.269.488 hectolitros de Malbec como monovarietal, equivalentes a unos 429,75 millones de dólares, con un incremento cercano al 4,8% tanto en volumen como en valor respecto de 2023. En ese año, el varietal llegó a 118 países del mundo.
Estados Unidos fue el principal mercado destino del Malbec fraccionado, con una participación del 32,6% en valor y el 31,6% en volumen. Le siguieron en importancia el Reino Unido, Brasil, Canadá y México.
Lo que resulta llamativo es que el Malbec no es solo una cepa de exportación. En el mercado interno, en diez años los despachos de vinos Malbec crecieron un 44,9%, pasando de representar el 8% al 16% del total de vinos comercializados entre 2015 y 2024, y del 38% al 55% en el total de los varietales. Es decir, también el argentino promedio eligió cada vez más el Malbec cuando va a buscar una botella.
Las exportaciones: un 2024 de recuperación y un 2025 que preocupa
El año 2024 había cerrado con números alentadores para el sector. Según el Observatorio Vitivinícola Argentino, los envíos totales de la cadena al exterior sumaron 933 millones de dólares, con un crecimiento interanual del 15,3%. El volumen de vino exportado fue de 2,07 millones de hectolitros por un valor de USD 712 millones, con el Reino Unido, Estados Unidos y Brasil como principales destinos.
Pero 2025 borró buena parte de ese avance. Según los datos definitivos del INV, las exportaciones de vino totalizaron 1,93 millones de hectolitros y USD 661 millones FOB, lo que representó una caída del 6,8% en volumen y del 7,2% en valor respecto al año anterior. Son los peores registros desde 2004 en cantidad y desde 2009 en valor. Para encontrar una referencia, el récord histórico en valor fue de USD 921 millones en 2012; en volumen, el pico fue de 3,9 millones de hectolitros en 2020. La distancia entre esos números y los actuales da la pauta de cuánto retrocedió el sector.
El precio promedio por litro también sufrió ya que pasó de USD 3,44 a USD 3,42, una baja que parece pequeña pero que, multiplicada por millones de litros, impacta significativamente en el ingreso total de divisas. Desde COVIAR confirmaron además que el precio promedio del vino fraccionado cayó un 1,8%, de USD 4,26 a USD 4,18 por litro.
Diciembre de 2025 dejó una señal ambigua, el vino fraccionado creció un 10,8% interanual, pero el vino a granel se desplomó un 29,5%. En valor, el mes aportó USD 57 millones, apenas un 3,9% más que en diciembre de 2024. Un rebote puntual, insuficiente para modificar el balance anual.
Empleo, enoturismo y el peso en las economías regionales
Más allá de los dólares que ingresan por exportaciones, la vitivinicultura tiene un impacto que se mide también en empleos, en comunidades y en una industria paralela que crece con fuerza: el enoturismo.
En provincias como Mendoza, San Juan, Salta y Río Negro, la vendimia continúa marcando el pulso del trabajo local, con demanda sostenida de mano de obra y oportunidades para nuevos perfiles especializados. Los puestos más buscados siguen siendo operarios de finca y de bodega, pero también hay una alta demanda de personal con oficios técnicos como clarkistas, mecánicos, electromecánicos y personal de control de calidad.
En materia de turismo, los datos son igualmente relevantes. En Mendoza se identificaron 230 bodegas con apertura regular al turismo. La mayor concentración se da en Luján de Cuyo, con 80 establecimientos, que representa también un polo productivo relevante con 15.218 hectáreas cultivadas.
El enoturismo es una de las categorías que más crece dentro del turismo, generando un impacto positivo en la sociedad por los dólares y la cantidad de puestos de trabajo que produce. El auge del vino también impactó en la gastronomía, no solo de Mendoza sino de todo el país, incluyendo a la Ciudad de Buenos Aires, que ya cuenta con restaurantes premiados con estrellas Michelin.
La sostenibilidad también empieza a ganar espacio como diferenciador competitivo. Recientemente, 26 bodegas y 53 unidades productivas de 14 provincias obtuvieron el Sello Vitivinicultura Argentina Sostenible, una certificación que busca posicionar al sector en los mercados internacionales con estándares diferenciadores.
Desafíos que el sector no puede ignorar
Los números de 2025 no son solo estadísticas, son el reflejo de una acumulación de problemas que el sector arrastra hace varios años. El consumo interno cayó a su mínimo histórico de 15,77 litros per cápita anuales, y el mercado doméstico se contrajo un 2,7% en volumen total. Según el INV, en noviembre de 2025 las ventas internas mostraron una baja interanual del 12,5%, con el formato botella como el más golpeado, con un retroceso del 16,3%.
El deterioro no se limita a las exportaciones ni al consumo. Durante 2025 se registraron procesos de reestructuración financiera, problemas de acceso al crédito y tensiones crecientes en la cadena de pagos. Casos de concursos preventivos y cheques rechazados reflejaron un problema sistémico que alcanzó tanto a bodegas como a productores primarios y proveedores, amplificando el impacto a través de toda la cadena de valor.
La presión fiscal es otro punto crítico que el sector reclama atender. Según la actualización 2025 del informe elaborado por economistas de la Universidad Nacional de Cuyo para COVIAR, la carga tributaria representa el 57,1% del excedente puro de producción de una finca y el 62,4% en el caso de una bodega integrada, una presión que casi duplica la que enfrenta una operación similar en Chile.
Presión Fiscal Vitivinícola: Argentina vs Chile 2025
% del excedente de explotación por tipo de establecimiento
En el plano externo, el problema tampoco es exclusivo de Argentina. El mercado mundial del vino atravesó en 2025 una caída tanto en consumo como en facturación, con dificultades en Estados Unidos, Francia y Australia. La baja en la demanda global, especialmente en los dos grandes motores de la última década Estados Unidos y China , generó un escenario de sobreoferta que favoreció a los productores con menores costos logísticos, como España e Italia.
Pese a ese contexto adverso, aparecieron algunas señales positivas. Canadá se destacó como mercado en crecimiento para el vino argentino, impulsado en parte por el conflicto comercial con Estados Unidos, que liberó espacio en góndolas antes ocupadas por vinos del norte. También se registraron avances en Colombia y Rusia. Y las exportaciones de vino blanco lograron un leve incremento en volumen, en línea con una tendencia global que privilegia bebidas más ligeras. Son nichos pequeños, pero muestran que cuando el producto se adapta, la demanda responde.
El nuevo presidente de COVIAR, Fabián Ruggeri, anticipó que el eje de 2026 estará puesto en consolidar mercados, diversificar destinos y fortalecer la competitividad sistémica de la cadena. Una hoja de ruta clara, aunque el contexto todavía no termina de acompañar.
La vitivinicultura argentina tiene raíces profundas, y eso no es solo una metáfora. Es una industria que lleva siglos adaptándose, que sobrevivió crisis económicas, sequías y transformaciones del mercado global, y que cada vez que el mundo pregunta por el vino del hemisferio sur, Argentina aparece en la conversación. Los números de 2024 mostraron capacidad de recuperación; los de 2025, los límites de esa recuperación cuando el contexto no acompaña. Lo que no cambia es el potencial: suelo privilegiado, climas únicos, una cepa emblemática reconocida en todo el mundo y una industria que cuando encuentra las condiciones adecuadas sabe cómo crecer. El desafío, hoy, es crear esas condiciones.
Fuentes: Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), Observatorio Vitivinícola Argentino (OVA), Corporación Vitivinícola Argentina (COVIAR), Infobae, Ámbito Financiero, Infocampo, Diario Mendoza, deCepas, Data Portuaria, Wines of Argentina.
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